
Continuamos con la segunda parte del libro “Hábitos Atómicos” de James Clear. Si recordáis nuestro anterior Post, estuvimos desgranando las dos primeras Leyes para crear Buenos Hábitos: SEÑAL – Hacerlo Obvio y ANHELO – Hacerlo Atractivo y para deshacernos de los Malos Hábitos: Hacerlo Invisible y Hacerlo Poco Atractivo, refiriéndonos a las mismas leyes.
Dicho esto, continuamos con el resto de leyes.
TERCERA LEY. Hacerlo sencillo
Capítulo 11. Avanza despacio, pero no des marcha atrás:
El autor, como ya es habitual, nos habla de otro estudio. En este caso, Jerry Uelsmann, profesor de la Universidad de Florida, dividió a sus estudiantes de fotografía cinematográfica en dos grupos.
- Al primero les pidió que hicieran todas las fotos que pudieran, sus notas se basarían en la cantidad de fotos que pudieran entregar. A este grupo lo llamó grupo “cuantitativo”.
- Al segundo grupo, les pidió que presentaran una sola fotografía, la mejor que pudieran componer. Este grupo recibió el nombre de grupo “cualitativo”.
Al finalizar el semestre descubrió que las mejores fotos procedían del grupo “cuantitativo”. Ese grupo se dedicó a experimentar y aprender de sus errores, mientras que el otro se empantanó buscando la composición ideal. Aquí el autor hace la diferenciación entre ponerse en marcha y actuar.
Ponerse en marcha consiste en planificar, hacer estrategias, aprender, etc., pero no conduce a ningún resultado, mientras que actuar es el comportamiento que te conduce a un resultado. Ejemplo: Si quiero perder peso y me dedico a leer libros sobre nutrición y comida saludable, me estoy poniendo en marcha, mientras que si empiezo a cuidar mi dieta y empiezo a hacer ejercicio, eso es actuar.
Para dominar un hábito hay que empezar con la repetición del mismo, no con su perfeccionamiento. Sólo tienes que ponerte manos a la obra y hacer tus repeticiones.
Cuánto más se repite una actividad, más cambia la estructura cerebral para volverse eficiente con dicha actividad. Los neurocientíficos lo llaman potenciación a largo plazo y está referido al fortalecimiento de las conexiones de las neuronas basado en patrones de actividad recientes.
Luego nos habla de la diferencia de cerebros dependiendo de la actividad que realices (los músicos tienen más grande el cerebelo, fundamental para pulsar las cuerdas de una guitarra o un violín, los matemáticos tienen más materia gris en el lóbulo parietal inferior, que es clave para los cálculos mentales, etc.).
Todos los hábitos siguen una trayectoria que va desde la práctica esforzada a las conductas automáticas. Eso se conoce como automaticidad. La automaticidad es la habilidad de realizar una conducta sin tener que pensar en cada paso, lo que ocurre cuando la mente inconsciente está a cargo.
El hábito se automatiza en función de las repeticiones que vayas haciendo.
Capítulo 12. La ley del menor esfuerzo:
El autor nos habla en este capítulo del libro Guns, Germs and Steel, del antropólogo y biólogo Jared Diamond.
En dicho libro, habla de la importancia de la forma de los continentes. Mientras América y África tienen forma alargada de Norte a Sur, Europa, Asia y Medio Oriente tienen forma alargada de Este a Oeste. Esta circunstancia, permitió a los continentes una mayor expansión de su agricultura debido a que los territorios suelen compartir el mismo clima, cambios de estación, lluvias, etc. en las rutas de este a oeste, mientras que de Norte a Sur hay más diferencias (no puedes cultivar igual en California que en Alaska, por ejemplo). Esta expansión de la agricultura a su vez produjo mayor crecimiento de la población, formaron ejércitos más poderosos y estuvieron más preparados para desarrollar la tecnología.
La sabiduría convencional propugna que si realmente quieres algo, puedes conseguirlo. Pero la verdad es que nuestra verdadera motivación consiste en ser perezosos y hacer lo que es más conveniente. La energía es valiosa y nuestro cerebro está programado para conservarla.
Si quieres hacer una hora diaria de ejercicio, es posible que al principio lo consigas por la motivación inicial, pero a la larga, es difícil mantener ese nivel de gasto de energía.
Cualquier comportamiento que ocupe gran parte de nuestra vida, puede realizarse con niveles muy bajos de motivación. Ver la televisión por ejemplo, o revisar los correos del móvil.
Un hábito es un obstáculo para obtener lo que queremos. No queremos el hábito en sí mismo, deseamos los resultados que se obtienen con dicho hábito.
Luego nos pone el ejemplo de una manguera doblada por la mitad, en esa situación saldrá poca agua. Si quieres aumentar el caudal, puedes meter más presión a la válvula o quitar el doblez de la manguera y dejar que fluya el agua libremente.
Tratar de forzar la motivación para mantener un hábito es difícil como tratar de forzar el paso del agua por la manguera doblada. En lugar de vencer la resistencia en tú vida, hay que tratar de reducirla.
Si recordáis, en el capítulo seis hablamos de rediseñar el ambiente para hacer las señales más evidentes, pero también se puede optimizar para realizar las acciones de manera más sencilla.
Luego nos pone el siguiente artículo de New Yorker titulado “Better All the Time” (Siempre mejor) de James Surowiecki:
“Las firmas japonesas han acentuado lo que ha llegado a conocerse como producción lean o racionalizada, la cual busca eliminar de manera implacable el desperdicio de todo tipo del proceso de producción hasta el punto de rediseñar los espacios de trabajo para que los trabajadores no tengan que perder tiempo al girar para alcanzar las herramientas que requieren. El resultado fue que las fábricas japonesas llegaron a ser más eficientes y sus productos más confiables que los productos estadounidenses. En 1974, las llamadas al servicio técnico de los televisores a color estadounidenses eran cinco veces más frecuentes que para los televisores japoneses. En 1979, a los trabajadores estadounidenses les tomó tres veces más armar sus productos”
Igual que las firmas japonesas del artículo, las empresas tienden a eliminar la tensión en la vida de sus clientes. Y pone un montón de ejemplos, cuando se empezó a descargar la música en lugar de ir a la tienda a comprarla, o cuando empezaste a pedírsela a un altavoz inteligente, en lugar de buscarla en el teléfono móvil.
El autor explica profusamente cómo diseñar el ambiente para evitar fricción ante un nuevo hábito (para dibujar más, deja cuadernos de dibujo y lápices de colores en tú escritorio; para hacer ejercicio, prepara con anticipación la ropa, las zapatillas de deporte, la bolsa, la botella de agua, etc.).
Del mismo modo, explica cómo crear fricción para corregir hábitos menos deseables (si ves muchas horas la televisión, métela en un armario después de usarla, quita las pilas al mando, etc.).
Capítulo 13. Cómo dejar de postergar usando la regla de los dos minutos:
Aquí nos habla del caso de la bailarina Twyla Tharp. Nos cuenta que ella tiene una rutina todas las mañanas antes de ir al gimnasio. En el momento que sale de casa y toma un taxi, se activa su rutina. Es un acto simple, pero al hacerlo cada mañana se convierte en un hábito repetible, sencillo de hacer y reduce la posibilidad de dejarlo de hacer o hacerlo de forma distinta.
Cada día hay un puñado de momentos que tienen un impacto mayúsculo, el autor los llama momentos decisivos (cuando decides conducir el automóvil o coger la bicicleta, cuando decides pedir comida o hacerla tú mismo, etc.) Estas elecciones son un camino que se bifurca pero de algún modo te van limitando (por ejemplo, si eliges ir a comer a un asador, sabes que no podrás pedir sushi). Tus opciones están limitadas por tu primera elección. Los hábitos son un punto de entrada, no el punto final.
Lo lógico sería empezar un hábito por lo más sencillo, pero comúnmente, la emoción nos hace comenzar por lo grande e intentamos hacer demasiadas cosas al mismo tiempo. El autor mantiene que esta tendencia se puede contrarrestar con la regla de los dos minutos. Es posible encontrar una versión de dos minutos de cualquier hábito:
- “Leer antes de dormir” se transforma en “Leer una página”.
- “Hacer treinta minutos de yoga” se transforma en “Sacar la esterilla para hacer yoga”.
- Etc.
La idea es hacer que los hábitos sean tan sencillos como sea posible. Correr un maratón es muy difícil. Correr 5 km. es difícil. Caminar 10.000 pasos es moderadamente difícil. Caminar 10 minutos es sencillo. Y ponerse las zapatillas es sumamente sencillo. El objetivo es correr un maratón, pero el hábito umbral es ponerse las zapatillas.
En lugar de diseñar un hábito perfecto desde el principio, haz algo sencillo de manera consistente. Tienes que estandarizar antes de optimizar.
Capítulo 14. Cómo hacer inevitables los buenos hábitos e imposibles los malos hábitos:
Comenzamos el capítulo con la historia de Víctor Hugo, que en verano de 1830, tenía que entregar una novela y se había quedado sin tiempo para hacerla. Durante doce meses, había estado posponiendo ese trabajo, priorizando otras actividades.
Su editor le dió seis meses para terminar el libro y fijó como nueva fecha febrero de 1831. En ese momento, Vítor Hugo pidió a su asistente que guardara toda su ropa en un baúl, y le dejó sólo con un gran chal. Es decir, no tenía ropa para salir de casa. Eso le permitió concentrarse en escribir y terminar la novela “Nuestra Señora de París” dos semanas antes de la fecha prevista.
A veces el éxito trata más de dificultar los malos hábitos que de facilitar los buenos. Es lo que los psicólogos llaman mecanismo de compromiso.
Un mecanismo de compromiso es una elección que haces en el presente para controlar tus acciones en el futuro. Como cuando Ulises pidió a sus marineros que le ataran al palo mayor de su barco, para oír el canto de las sirenas, pero no sucumbir ante él.
El autor continúa hablándonos de acciones que tienen poca frecuencia para convertirse en hábitos pero que tienen un impacto decisivo en el desarrollo de otros hábitos. Para ello, nos cuenta la historia de John Henry Patterson. John nació en 1844, y después de volver de la universidad, montó un negocio de suministros mineros para el carbón en Ohio. Aunque tenía poca competencia, el negocio perdía dinero por los robos de sus empleados. Entonces John compró varias cajas registradoras y los robos terminaron al instante y la tienda empezó a dar beneficios. Tan impresionado se quedó por el invento, que compró la patente y fundó la National Cash Register Company. A los 10 años, la empresa tenía 1.000 empleados y fué uno de los negocios más exitosos de su tiempo.
Existen acciones que se toman muy de vez en cuando, pero que rinden beneficios una y otra vez, como: usar platos más pequeños para reducir la ingesta calórica, comprar un buen colchón, etc.
Muchas de estas acciones esporádicas se pueden automatizar gracias a la tecnología: recordatorios automáticos de las consultas médicas, traspasar parte de tu suelo a un fondo para la jubilación, etc.
El autor nos cuenta cómo durante el período de tiempo que escribía este libro, le pedía a sus asistente que reseteara las contraseñas de sus redes sociales para evitar perder tiempo navegando y el viernes se las enviaba para que pudiera disfrutar de ellas el fin de semana. El lunes siguiente se las volvía a resetear.
Cuando las automatizaciones trabajan a tu favor, pueden convertir los buenos hábitos en inevitables y los malos hábitos en imposibles.
A continuación os ponemos el resumen del libro que nos hace el autor hasta esta Tercera Ley:


CUARTA LEY. Hacerlo satisfactorio
Capítulo 15. La regla cardinal del cambio de conducta:
El autor nos cuenta aquí el caso Stephen Luby (servidor público de salud) que en la segunda mitad de la década de los 90, se trasladó a la ciudad de Karachi (Pakistán). Karachi era entonces una de las ciudades más pobladas del mundo, pero el 60 % de sus residentes vivían en barrios marginales, sin agua potable, cableado eléctrico, etc. La población sufría continuamente infecciones y enfermedades por las aguas contaminadas. En un entorno así, que la gente se lavara las manos podía suponer una gran diferencia.
¿Cómo consiguieron que la gente se lavara las manos? Se asociaron con la compañía Procter Gamble para entregar a la población su jabón Safeguard (Escudo).
Comparado con las barras de jabón que usaban en Karachi, el jabón Safeguard hacía más espuma y tenía un olor muy agradable. Hacía la experiencia más disfrutable.
En pocos meses, las enfermedades disminuyeron en una enorme medida y seis años después el 95 % de las familias utilizaban el jabón que se les regaló.
El autor define este, como un gran ejemplo de la Cuarta ley de Conducta: hacerlo satisfactorio. El placer le enseña al cerebro que vale la pena recordar y repetir esa conducta.
Las primeras tres Leyes del Cambio de conducta ─hacerlo obvio, hacerlo atractivo, hacerlo sencillo─ aumentan las posibilidades de que una conducta se realice, pero es la Cuarta Ley ─hacerlo satisfactorio─ la que aumenta las posibilidades de que una conducta se repita en la siguiente ocasión. Esto completa el ciclo de los hábitos.
Luego nos explica la discrepancia entre las recompensas inmediatas y las recompensas retardadas:
Nuestros antepasados, deambulaban todo el día buscando recompensas inmediatas (qué comer, dónde dormir, dónde refugiarse, cómo evitar a un depredador, etc.). Vivían en un sistema de retorno inmediato, debido a que sus acciones producían resultados claros e inmediatos.
En cambio, en la vida moderna, las recompensas se producen a un plazo más largo. Trabajas y recibes tu nómina a final de mes, haces ejercicio y no notarás sus efectos hasta pasados meses o años. Estamos en un sistema de retorno retardado.
Después de miles de generaciones sumergidas en un sistema de retorno inmediato, nuestro cerebro evolucionó de tal manera que preferimos los resultados rápidos sobre aquellos que llegan a largo plazo. Los economistas denominan a esta circunstancia inconsistencia temporal.
Fumar quizá te mate a largo plazo, pero reduce el estrés y satisface la ansiedad por la nicotina. Come en exceso, es perjudicial a largo plazo, pero apetecible en este momento. Etc. Los costes de tus buenos hábitos se dan en el presente, mientras que los costes de tus malos hábitos se darán en el futuro.
La mayoría de las personas, sabemos que posponer la gratificación es la opción más sabia (ser saludables, más productivos, etc.), pero raramente pensamos en esos resultados en los momentos decisivos. Es posible entrenarnos para aprender a posponer la gratificación ─pero necesitamos trabajar a favor de la naturaleza humana, no contra ella─. La mejor manera de hacer esto, es añadir un poco de placer inmediato a los hábitos que nos brindarán recompensas a la larga y un poco de dolor inmediato a los hábitos que no nos traen recompensas.
Todos queremos que el final de nuestro hábito sea satisfactorio, para ello podemos usar el reforzamiento. Esto se refiere a un proceso de usar una recompensa inmediata para incrementar las probabilidades de repetir una conducta.
El reforzamiento inmediato puede ser muy útil en los hábitos de evasión, que son conductas que quieres dejar de hacer. Por ejemplo: quieres dejar de hacer compras compulsivas, el autor recomienda abrir otra cuenta a la que le pongas el nombre de algo que quiere obtener (un viaje, una cazadora de piel, . . .) y cada vez que tengas la tentación de una compra y no la hagas transfieras el importe de ese gasto a la cuenta de ahorro. La recompensa inmediata es verte ahorrar dinero para una compra que te hará sentir mejor.
Obviamente hay que elegir bien el sistema de recompensas. No vale que te atiborres a pasteles después de haber ido al gimnasio.
Capítulo 16. Cómo mantener los buenos hábitos todos los días:
El autor nos cuenta en esta ocasión la historia de Trent Dyrsmid, un corredor de bolsa que fue fichado en 1993 por un banco en Abbotsford, Canadá.
Dyrsmid empezaba cada mañana con dos tazas una al lado de la otra en su escritorio. Una contenía 120 clips y la otra estaba vacía. Cada mañana hacía una llamada de ventas y pasaba un clip de la taza llena a la vacía hasta que había cambiado todos los clips de taza. Los resultados para Dyrsmid fueron espectaculares.
Progresar es satisfactorio y las medidas visuales (como mover los clips de una taza a la otra) muestran una clara evidencia de tú progreso. Con esta premisa el autor propone que llevemos un historial de hábitos.
Nos pone varios nuevos ejemplos de historiales de hábitos, desde un calendario al que le pones una cruz cuando repites el hábito, hasta una libreta que llevaba Benjamin Franklin, dónde registraba 13 virtudes personales. Llevaba metas como: “No pierdas el tiempo. Asegúrate de estar haciendo algo útil siempre” o “Evita las conversaciones triviales”. Al final de la jornada, Franklin abría su libreta y registraba el progreso. El autor también nos brinda la oportunidad de comprar su diario de hábitos.
El historial de hábitos hacer que una conducta sea obvia, atractiva y satisfactoria:
- Beneficio 1: El historial de hábitos es obvio
Construye señales visuales, como la cadena de x en el calendario o la lista de comidas en el diario de alimentación. Las personas que llevan un registro de su progreso en alcanzar metas (como perder peso, dejar de fumar, etc.), son más proclives a mejorar que aquellas que no lo hacen. También te ayuda a ser honesto. Evita que tengas una visión distorsionada de tu comportamiento. - Beneficio 2: El historial de hábitos es atractivo
El historial de hábitos te proporciona evidencia visual del esfuerzo que has hecho. El recuadro vacío que ves cada mañana puede motivarte a iniciar el hábito para no romper la cadena. - Beneficio 3: El historial de hábitos es satisfactorio
Es agradable observar cómo los resultados se acumulan y crecen, y si es agradable, hay más posibilidades de que tu hábito perdure.
Es importante que el registro de hábitos sea sencillos, el autor comenta que si es posible, intentar automatizar dichos registros. Hay muchas herramientas que ya están llevando registros nuestros sin darnos cuenta (los registros de comidas en restaurantes de la tarjeta de crédito, o los pasos de tú reloj inteligente, etc.).
También comenta que el registro debe limitarse solamente a los hábitos más importantes. Es mejor llevar un historial de un sólo hábito que varios a medias. Se puede combinar el método de acumulación de hábitos del capítulo 5 con el historial de hábitos.
La fórmula de la acumulación de hábitos más el historial de hábitos es:
Después de [HÁBITO ACTUAL], voy a [REGISTRAR MI HÁBITO].
- Después de colgar el teléfono tras una llamada de ventas, voy a mover un clip al segundo recipiente.
- Etc.
Comenta lo importante que es recuperarte cuando tú hábito se interrumpa. Hay circunstancias que te impedirán hacer tu hábito un día, pero hay que volver a practicarlo al día siguiente. El primer error, nunca es el que te arruina. Lo hace la espiral de errores repetidos que lo sigue. Perder algo una vez, es un accidente. Perderlo dos veces es el principio de un nuevo hábito.
Por último, explica profusamente que hay cosas que no se pueden medir, pero no por ello dejan de ser importantes. Si la forma de seleccionar la información con que vamos a evaluar nuestros hábitos es equivocada, nos puede llevar a resultados erróneos. Si simplemente basas tu estado de salud en tu peso en la báscula, puedes tener resultados equívocos (puedes bajar peso por perder músculo, por ejemplo).
Capítulo 17. Cómo un socio corresponsable puede cambiarlo todo:
Este capítulo está dedicado a la inversión de la Cuarta Ley. Para ello nos cuenta la historia de Roger Fisher, un pilo de la Segunda Guerra Mundial, que luego se hizo negociador en crisis con rehenes y conflictos mundiales.
En los años 1970 y 1980, tratando de evitar la amenaza de la guerra nuclear. En ese momento indicó que el problema de la guerra nuclear es que los Presidentes que tenían las claves para lanzar los misiles y matar a millones de personas sin que las vieran morir a miles de kilómetros de distancia. Indicó que la única manera de evitar la guerra, era implantar una cápsula con las claves de lanzamiento en el corazón de un voluntario, y si el Presidente decía lanzar los misiles, tuviera que abrirle el pecho para conseguir la cápsula. Se trataba de que el Presidente tuviera que mancharse las manos matando a un inocente para iniciar la guerra. La idea de por sí, ya desanimaría bastante. La inversión de la Cuarta Ley es: hacerlo inmediatamente insatisfactorio.
El dolor es un maestro muy efectivo. Si un fracaso es doloroso, se arregla. Si un fracaso es prácticamente indoloro, se ignora. El comportamiento sólo cambia si el castigo es suficientemente doloroso e impuesto de manera confiable.
Luego nos habla del contrato de hábitos. Es un contrato firmado con unos socios corresponsables que permiten aplicar un castigo inmediato en caso de no cumplir con los hábitos definidos en el propio contrato. Nos pone el ejemplo de Bryan Harris, que firmó con contrato de hábitos con su entrenador y su cónyuge para adquirir hábitos saludables. Si no cumplía con alguno de sus hábitos, tenía una penalización inmediata que tenía que entregar a su entrenador. El resultado es que perdió peso. El ponerlo por escrito y firmarlo da seriedad y formalidad al contrato.
Que alguien nos esté observando también puede ser un motivador muy poderoso. Habla de un empresario de Colorado que si no se levanta a una hora determinada, abona 5 dólares vía PayPal a las cinco primeras personas que respondan a un Tweet (ahora X) automático que se publica si no se ha despertado.
Hasta aquí las Cuatro Leyes del Cambio de Conducta. A continuación tenéis el correspondiente resumen.


Después de enunciar las Cuatro Leyes, el libro continúa con:
TÁCTICAS AVANZADAS. Cómo pasar de ser solamente bueno a ser verdaderamente grandioso
Capítulo 18. La verdad acerca del talento (Cuándo los genes importan y cuándo no):
El autor nos pone el ejemplo de dos deportistas, por un lado Michael Phelps (el mayor campeón olímpico de natación de toda la historia) y por otro Hicham El Guerrouj (uno de los mayores mediofondistas de todos los tiempos). Aunque los dos tienen una complexión muy diferente, ambos tienen la misma talla de pantalón. Phelps mide 1,93, tiene unos brazos largos y espalda grande, que le permiten nadar al máximo nivel, mientras que Gerrouj mide 1,75, tiene unas piernas muy largas en comparación con su torso, que le permite correr en pista.
Si les intercambiaramos de modalidad deportiva, ninguno de los dos conseguiría buenos resultados en la otra disciplina. El secreto de maximizar tus posibilidades de éxito es elegir el campo de competencia apropiado.
Los genes otorgan una ventaja muy poderosa en situaciones favorables y una desventaja muy seria en circunstancias desfavorables.
Tú cúmulo único de rasgos genéticos te predispone a tener una personalidad particular. El estudio mejor documentado de análisis de los rasgos de la personalidad se conoce como Big Five (Los Cinco Grandes) y nos da cinco espectros de conducta:
- Apertura a la experiencia: desde curiosidad e inventiva en un extremo hasta cautela y consistencia en el extremo opuesto.
- Responsabilidad: de organizado y eficiente a despreocupado y espontáneo.
- Extraversión: de activo y sociable a solitario y reservado (probablemente los conozcas como introvertido versus extrovertido).
- Amabilidad: este espectro va de amigable y compasivo a desafiante y desapegado.
- Neuroticismo: desde ansioso y sensible hasta seguro, tranquilo y estable.
Los cinco espectros tienen un fundamento biológico. Por ejemplo, si en el nido de un hospital se reproduce un sonido fuerte, los bebés que serán más extrovertidos girarán su cabeza hacia el sonido, mientras que los más introvertidos girarán la cabeza en sentido opuesto.
Nuestros hábitos no solamente determinan nuestra personalidad, nuestros genes nos empujan en una dirección. Es importante que desarrolles los hábitos que funcionen para tu personalidad y que te produzcan satisfacción. Deben ser agradables para mantenerlos en el tiempo.
Elige el hábito correcto y verás que tu progreso se dará fácilmente. Elige el hábito incorrecto y la vida se convertirá en una lucha constante.
Luego nos habla de cómo encontrar el hábito correcto, aquí se retrotrae a la Tercer Ley: hacerlo sencillo. A veces la gente falla porque ha elegido un hábito más complicado. También habla de que tienes que tener un período de exploración hasta estar seguro de elegir el hábito correcto. E indica que trabajes el 80 % o el 90 % del tiempo en una estrategia que parezca producir los mejores resultado y un 10 % o 20% en seguir explorando. Pone el ejemplo de Google que pide a sus empleados que dediquen el 80 % del tiempo a su trabajo y el 20 % restante a un proyecto propio.
Para explorar las diferentes opciones, el autor sugiere que te hagas una serie de preguntas para reducir la brecha entre los hábitos y las áreas que serán más satisfactorias para tí:
- ¿Qué me parece divertido a mi, pero funciona para otros? El trabajo que te cansa menos de lo que cansa a otros es el trabajo para el que estás hecho.
- ¿Qué me hace perder la noción del tiempo? La fluidez es el estado mental en el que entras cuando estás tan centrado en la tarea que estás realizando, que el resto del mundo se desvanece.
- ¿Dónde encuentro recompensas mayores que el promedio de las personas? Estamos constantemente comparándonos con otras personas de nuestro alrededor y es más probable que una conducta sea satisfactoria cuando la comparación sea a nuestro favor.
- ¿Qué se me da bien de manera natural? Cuando te sientas auténtico y genuino, sabrás que estás en la dirección correcta.
Cuando no puedas ganar por el mejor, puedes ganar por ser diferencia. Al combinar tus habilidades, reduces la competencia. Del mismo modo, mientras más te especialices, más difícil será para el resto de la gente competir contra tí.
Por último, el autor concluye el capítulo, indicando que los genes no eliminan la necesidad de trabajar duro. Los genes no pueden hacer que tengas éxito si no haces tú trabajo.
Capítulo 19. La regla de Ricitos de Oro: Cómo mantenerte motivado en la vida y en el trabajo:
El autor nos cuenta la historia de un chico que empezó trabajando en Disney con 10 años vendiendo guías del parque. Fue escalando posiciones, haciendo trucos de magia, actuando, contando chistes, etc. Empezó a actuar en pequeños clubs y cada año iba incorporando nuevas cosas a su espectáculo que empezó siendo de uno o dos minutos hasta que llegó a 20 minutos. Finalmente después de 15 años de trabajo, alcanzó fama y empezó a hacer giras como comediante. Este chico era Steve Martin. Su historia muestra una perspectiva apasionante de mantener los hábitos a largo plazo. El mismo decía: “Pasé diez años aprendiendo, cuatro años refinando y cuatro años de éxito salvaje”.
¿Por qué gente como Steve Martin se mantiene firme en sus hábitos? ¿Cómo diseñamos nuestros hábitos para que nos impulsen en lugar de desvanecerse?
El cerebro humano ama los retos, pero sólo dentro de una zona óptima de dificultad. Si juegas al tenis contra un niño, pierdes interés porque ganarías todos los puntos. Si juegas contra un tenista profesional, pierdes interés porque es imposible que le ganes. Si es demasiado sencillo o demasiado complicado nuestro cerebro tiende a aburrirse.
La Regla de Ricitos de Oro establece que los humanos experimentamos los niveles más altos de motivación cuando, al trabajar en alguna tarea, esta está en el límite de nuestras habilidades actuales. No demasiado difícil. No demasiado sencilla. Sólo lo justo.
Una vez que un hábito se ha establecido, es importante seguir avanzando con pequeñas victorias hasta alcanzar la Zona de Ricitos de Oro. Si llegas a esa Zona puedes lograr el estado de flujo.
Un estado de flujo es la experiencia de estar en “la zona” y completamente inmerso en una actividad.
Luego nos explica que la mayor amenaza del éxito es el aburrimiento. Los grandes atletas son los que más resistencia tienen al aburrimiento de los entrenamientos continuos e iguales.
Por último, nos habla de las recompensas variables que causan gran adicción. El ejemplo más claro es el de las máquinas tragaperras. Los usuarios obtienen su premio de vez en cuando, en intervalos que no pueden ser predecidos. Esta variabilidad provoca una descarga muy alta de dopamina, realza los recuerdos y en la memoria y acelera la formación de un hábito.
Capítulo 20. El inconveniente de crear buenos hábitos:
Este capítulo no empieza con otra historia. Directamente el autor nos explica que la ventaja de los hábitos es que aprendemos a hacer cosas de manera automática sin tener que pensar. El inconveniente es que te acostumbras a hacer cosas de cierta manera y dejas de prestar atención a los pequeños errores.
Sin embargo, si quieres maximizar tu potencial, necesitas una combinación de hábitos automáticos y práctica deliberada.
Hábitos + Práctica deliberada = Maestría
La maestría es el proceso de estrechar tu concentración y dirigirla hacia un pequeño elemento necesario para el éxito, y repetir esa acción hasta que hayas internalizado esa habilidad, para luego usar ese nuevo hábito como fundamento para avanzar hacia la siguiente frontera de tu desarrollo personal.
Luego nos habla de la importancia de la reflexión y la revisión para permanecer consciente de tu desempeño a lo largo del tiempo.
Primero nos pone un ejemplo de mejora que empleó el equipo de baloncesto de Los Ángeles Lakers en 1986. Instauraron un sistema de puntuaciones al que denominaron CBE (Mejor Esfuerzo de Carrera en español), en el que le daban una puntuación a cada jugador en base a su desempeño dentro de la cancha. Luego se les pedía que lo fueran mejorando. El resultado es que esa temporada fueron campeones de la NBA.
Luego nos cuenta las preguntas que el propio autor se hace al acabar cada ejercicio para reflexionar sobre sus hábitos.
- ¿Qué salió bien este año?
- ¿Qué no salió bien este año?
- ¿Qué aprendí?
Seis meses después, hacia el verano, se hace su reporte de integridad, con las siguientes preguntas:
- ¿Cuáles son los valores esenciales que dirigen mi vida y mi trabajo?
- ¿Cómo estoy viviendo y trabajando con integridad en este momento?
- ¿Cómo puedo establecer una meta más elevada en el futuro?
Para finalizar el capítulo, el autor cuenta que los hábitos son esenciales para construir tú identidad deseada. No obstante, esas mismas creencias pueden frenarte e impedir que alcances el siguiente nivel (por ejemplo, el cirujano que descalifica las ideas de colegas más jóvenes, etc.).
Una solución es evitar convertir un aspecto de tu identidad en una abrumadora porción de lo que tú eres.
También debes redefinirte a tí mismo:
- “Soy un atleta”, se convierte en “Soy la clase de persona que es fuerte mentalmente y ama los desafíos físicos”.
- “Soy un director ejecutivo” se traduce en “Soy el tipo de persona que construye y crea cosas”.
- Etc.
Después de este último capítulo, el autor nos brinda un apartado de conclusiones donde extracta los principales aspectos del libro y un apéndice donde amplia algunos aspectos concretos que creemos que es mejor que lo revisen los oyentes que estén interesados.
Finaliza con el apartado de agradecimientos y las notas de cada capítulo.
Hábitos atómicos de James Clear
Como complemento a este post / resumen, os dejamos 4 enlaces a recursos que consideramos interesantes.
- Primero el enlace a la aplicación oficial de ATOMIC HABITS, para IOS que promete ayudarnos a consolidar nuevos hábitos siguiendo el método que James Clear propone en su libro. Es de suscripción mensual o anual.
- A continuación, un interesante artículo de Roxine Kee en el que desmenuza cómo le fue atrapando poco a poco el contenido de la Newsletter de James Clear. El artículo está escrito en inglés, pero si alguien no se arregla, puede aprovechar las funcionalidades de cualquier navegador para traducirlo decentemente.
- No podía faltar el enlace a la propia Newsletter de James Clear 3-2-1 Thursday (3 ideas del autor, 2 ideas de otros y 1 pregunta). Hay que suscribirse.
- Y por último la transcripción de una entrevista reciente que le hizo Adam Grant en el TED hace muy poco (hay también enlace al audio, casi 40min).
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La sintonía del podcast es All the Fixings de Zachariah Hickman
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